6 ene 2011

MI REGALO DE REYES

Guay, como se que el blog no lo lee casi nadie, puedo poner mi regalo sin temor a que me lo plagien (basicamente porque no cabe entero <_<)
Hay a quien he obligado a leer una cosa a la que llamo Paranoia Numero 1. Se trata de una especie de novela que escribo. La cosa empezó porque tenia 3 o 4 historias empezadas, pero no seguia ninguna. Entonces decidí que, cada vez que tuviera una idea para una nueva historia, la empezaría y la llamaria "Paranoia Numero X", sin obligarme a mi mismo a terminarla. Pero es que la primera me acabó molando tanto que, sinceramente... Leedla.
Por cierto, aunque el prólogo no llame la atención, en serio, cuando la cosa se lia... SE LIA BIEN. ¡A disfrutar!

¡PARANOIA NÚMERO 1!



PRÓLOGO
 “El mundo… ¿Qué es el mundo?”
Lentamente, abrió los ojos y se encontró con un cielo oscuro y estrellado. Seguía tumbado ahí, en el muelle, como desde hacía varias semanas. Se sentó en el suelo, cogió el gran objeto que cargaba en su espalda, lo clavó en el suelo, y se apoyó en este.
“Algo se acerca… Algo se acerca y es muy gordo.”
Segundos después, volvió a dormirse, apoyándose en el largo objeto que había hundido en el suelo.


-Vaaale… Era a las diez delante del muelle, ¿no? ¿O a las diez y media…?
Estaba más confuso que… bueno, estaba muy confuso.
-Decidido, ¡iré a las diez!
Se giró hacia la derecha y miró el reloj. Las siete de la mañana.
-Jodeeer, que coñazo, no puedo dormir… ¡Es que estoy muy nervioso!
Se levantó de golpe y se sentó en su escritorio, delante de la pantalla del ordenador. Encendió el monitor y apareció una lista de usuarios. Moviendo el ratón, seleccionó el primero de la lista, e introdujo una contraseña. Automáticamente, apareció en el salvapantallas la cara de una chica, mientras a él se le dibujaba una sonrisa en el rostro. Ciertamente, parecía un idiota.
-Aaaah, Sami… ¡Al fin quedamos solos!
Abrió un archivo en el que ponía “La economía española”. Al ejecutar el programa, se vio que aquello era en realidad un diario secreto, camuflado para que pareciera un trabajo escolar.
-Bueno, como no puedo dormir… ¡Escribiré!
“Querido diario… seguramente que te tengo hasta las narices con lo de ‘querido diario’ caaada día… Pero es que estas cosas sólo te las puedo contar a ti. Hoy he quedado con Sami para ir a la playa, pero me da un poco de vergüenza que me vea en bañador… Aunque supongo que el verla en bikini compensa. Bueno, el caso es que tengo un poco de miedo por si las cosas no van bien, pero creo que hoy me voy a declarar. La llevaré al muelle, cuando haya poca luz y… Bueno, ya nos entendemos. Sólo espero que no esté ese tío tan raro que lleva allí casi un mes, el que parece que vaya a una convención del cómic. A veces desaparece, pero al día siguiente vuelve estar ahí, de pie, mirando la nada. En fin, hay poco más que contar, acabo de levantarme, así que aun no ha podido pasar nada interesante. Hala macho, esta noche te cuento.
León”
Cuando acabó de escribir, León guardó el archivo y miró la hora. Aún eran las siete y veinte.
-León: A la mierda, yo voy abajo ya.
Salió de su habitación y bajó las escaleras que conducían al piso de abajo. Pasó por una puerta y entró en la cocina. Como de costumbre, no había nadie más en la sala. Los padres de León trabajaban alrededor del mundo, eran importantes científicos que habían dejado de lado la vida familiar; por otro lado, su hermana ya tenía veinte años y compartía piso con unas compañeras. Estudiaba para ser actriz e iba de casting en casting. Por lo tanto, excepto cuando alguno de sus familiares se pasaba por casa, León estaba totalmente solo.
-León. Bueno, a ver que tenemos por aquí… Ahá, creo que hoy me apetece salado.
Un rato después salió de la cocina. Volvió a dirigirse a su habitación para vestirse; abrió los cajones y se encontró un mar de prendas, la mayoría de las cuales no iba a usar en su vida.
-León: Vamos a ver, tendré que ponerme un bañador… ¿Triángulo o pantalón? Esa es la cuestión…
Tras pensárselo un buen rato, decidió ponerse el pantalón. La camiseta no era problema, ya que se la quitaría en la playa. Preparó la mochila con toallas, una botella de agua fría y un par de cosas necesarias como la crema solar.
-León: Bueno… son casi las nueve y yo aquí sin saber que puñetas hacer. A ver que dan en la tele.
Se puso a hacer zapping con el mando. Lo único que había era noticias, programas del corazón y alguna serie de dibujos animados para niños pequeños. Finalmente, después de mirar toda la programación siete veces, se levantó y salió por la puerta.
-León: ¡A la mierda, me da igual esperar una hora o diez, pero no puedo aguantar más!
Iba a toda velocidad hacia la playa, parecía un preso corriendo hacia su libertad. En cierta manera, era como un preso del amor.
No tardó ni diez minutos en llegar. Se paró a recuperar el aliento, la carrera lo había dejado muerto. Cuando ya pudo respirar con normalidad, levantó la vista hacia el muelle, buscando al tipo de las pintas raras que estaba allí casi siempre. Y cómo no, ahí lo tenía, con sus gafas de sol, su bañador azul oscuro con dibujos de llamas, y… aquello que parecía una tabla de surf en una funda sarnosa colgada de la espalda.
-León: Oh, no, él otra vez no… ¡Eh tú!
Avanzó con paso decidido hacia él. Pero en cuanto más se le acercaba, más lentamente avanzaba. Desde lejos se notaba poco, pero de cerca se podía ver que ése tío tenía una musculatura que daba miedo.
-¿Qué?
Con las gafas de sol aún era peor. Además, tenía un tono de voz que ponía los pelos de punta. León intentó inventar una excusa.
-León: Eh… pues… que llevas aquí muchos días y me preguntaba… bueno, que a qué esperas…
-Viene algo muy gordo a esta playa.
León se lo quedó mirando, patidifuso.
-León: Algo… ¿gordo? Que pasa, ¿vendrá un tsunami? Porque lo que llevas ahí dentro es una tabla de surf, ¿no?
El tipo clavó la funda en el suelo.
-Que va a ser una tabla. Si esperas un rato… lo verás.
El tono del tipo estaba lleno de una mezcla de orgullo y algo que León no sabría definir. Al final, decidió que era mejor darse la vuelta antes de que llegase Sami.
-León: Bueeeno… ya me avisarás si llega eso que dices. Hala, hasta otra.
Se alejó a paso ligero mientras el tío lo miraba fijamente.
-Así que quieres que te avise… Creo que lo haré.
Se le esbozó una sonrisa en la cara. Era una expresión que daba bastante miedo, parecía maligno.
-León: A ver, veamos la hora… vale, las diez, como mucho tardará media hora.
Se sentó en un banco a esperar a Sami. Hacía un calor insoportable, el sol pegaba como si estuviera en pleno desierto. Después de estar un buen rato bajo ese calor infernal, sintió un enorme frío en la nuca, y se levantó dando un salto monumental.
-León: ¡Waaaaah! ¡Oh dios, ¿Qué ha sido…?!
Se giró para ver quien se había atrevido a hacerle semejante broma pesada, y al girarse se encontró con la cara sonriente de una chica que luchaba por no soltar una carcajada allí mismo. La expresión de León cambió por completo pasando a tener cara de bobo.
-León: ¡Hola, Sami, buenos días! ¿Qué tal?
-Sami: ¡Hola, Leo! Muy bien, gracias. No como tu, parece… te has quemado la nuca.
-León: ¿Ah si? Pues no me había dado yo cuenta… Será de estar tanto rato bajo el sol.
-Sami: ¿Pero cuanto llevas esperando?
-León: Pues… debían ser las nueve y media cuando he llegado.
-Sami: ¡Hala, pero si era a las once!
-León: ¿En serio? Hala…
-Sami: ¡Aaajajaja! ¡Siempre has sido muy despistado, Leo! Nunca cambiarás.
-León: Ehehehe… ¿Vamos, o seguiremos hablando de mis defectos…?
-Sami: Vale, vale, vamos a la playa. ¡El último que llegue invita a un refresco!
-León: ¡¿Qué?! ¡Pero si ya sabes que no tengo ni un duro! ¡Y…! Hala, vete, vete…
Salió corriendo detrás de ella, intentando aguantar el peso de la mochila golpeando sobre su nuca, que estabaardiendo. El bote de crema casi sobresalía por un lado del bolsillo. Entonces la imaginación asaltó a León.
-León: “Anda… ¿Y si me pide que le ponga crema en la espalda…?”
Una fuerza venida de lo más profundo del alma hizo que León corriera a una velocidad que superaba las leyes de la física. Adelantó a Sami, tropezó con un castillo de arena y cayó de morros contra el suelo. Cuando se levantó, tenía la cara llena de tierra, y Sami se rió a carcajada limpia.
-Sami: ¡Aaajajaja! ¡Que patoso!
-León: ¡Folinef, un eddod lo tiene cuadquieda!
Tras escupir toda la arena que le había entrado en la boca, fue donde estaba Sami.
-León: En fin, ¿Dónde ponemos el tenderete?
-Sami: Lejos de la gente, no me gusta que puedan robarme algo de la bolsa…
Otra vez la imaginación asaltó a León.
-León: “Quiere que estemos solos… ¡Quizás quiere decirme algo importante que no quiere que nadie más oiga, o igual se lanza de golpe y…! ¡Aaahahaha!”
Sami se extrañó al ver la sonrisa de idiota que se le puso a León, pero continuó poniendo la toalla en el suelo y sacando las cosas.
-Sami: Hala, no he traído crema solar.
León salió del estado de idiotez en el que se encontraba.
-León: No hay problema, aquí está Súper-León para solucionarlo. ¡Protección cuarenta!
-Sami: ¡Ah, gracias Leo! ¿Me pones tú la crema en la espalda?
Esas palabras se le clavaron como una flecha. Todo estaba yendo muy bien. Quizás demasiado…
-Sami: ¡Haahahahaha! ¡Que cara se te ha quedado! ¡Tenías que verte!
La decepción más absoluta de este mundo asaltó a León en toda su alma.
-León: Ja… sí, lo que habría dado por verme… Creo que voy al agua.
-Sami: Oye, León…
Se giró hacia ella.
-León: Dime.
-Sami: Si te dijera de verdad que me pusieras la crema… ¿Qué dirías?
Otra vez las cosas iban muy bien. Obviamente, demasiado.
-Sami: ¡Haaahahaha! ¡No me lo puedo creer, has vuelto a picar! ¡Esa cara vale oro!
-León: ¡No se vale, estás jugando con mis sentimientos! Hala, ahora me enfado y me meto bajo el agua.
-Sami: Hala, hala, ve. Yo tomaré un rato el sol y me meteré luego.
León corrió hacia el mar y se metió de cabeza. La energía le sobraba, no sabía porqué, y empezó a nadar de un lado para otro hasta que, a lo lejos, vio una boya.
-León: Miiira, ya se que puedo hacer. ¡Voy a nadar hasta la boya!
Empezó a dar brazadas a toda velocidad en dirección a la esfera de plástico. En un tiempo récord, llegó a su objetivo, pero al tocarla se encontró con un gran problema… Tenía que volver.
-León: Mierda, que miedo, seguro que un poco más adentro hay tiburones... ¡Oh, dios, que mal rollo da la cadena de la boya!
De repente, le pareció ver una sombra gigantesca bajo el agua.
-León: ¡Waaahahahaaagh! ¡Nada, Leo, por lo que más quieras!
Sacando energías de no se sabía donde, se dirigió a toda velocidad a la orilla. Pero pocos minutos después, empezó a bajar el ritmo. Era imposible mantenerlo tanto rato seguido. De hecho, parecía que cada vez se alejara más de la costa.
-León: Mierda… Sami me está esperando… Tengo que… tengo que llegar…
En el último momento le pareció ver algo que se acercaba velozmente hacia él.
Lentamente abrió los ojos. La luz entró por ellos y los cerró instintivamente. Volvió a abrirlos despacio, y cuando ya pudo ver algo se encontró la cara de Sami ante él.
-Sami: Vaya, por poco te ahogas. ¿A quien se le ocurre ir hasta la boya?
-León: Pues… a mi. Jejeje…
-Sami: No me hace ninguna gracia, creía que te había pasado algo de verdad. Te ha traído él.
Sami señaló al tipo de las gafas de sol. León se levantó de golpe.
-León: ¡Tú! ¡¿El?! ¡No me jodas!
-Sí, he sido yo. No me preguntes porqué, sólo hago mi trabajo.
Con aire chulesco, caminó hacia el muelle donde siempre se encontraba.
-León: Menudo tío…
-Sami: Ha estado a punto de hacerte el boca a boca, pero le he dicho que ya te lo hacía yo, y entonces has abierto los ojos, así que te he salvado. ¡Me debes una!
-León: ¡¿Qué?!
Una vez más la imaginación se apoderó de él.
-León: “Quería hacerme el boca a boca… ¡Guay! ¡Leo, vas por buen camino!”
-Sami: ¿Sabes? Creo que es socorrista o algo así. Nadaba como un torpedo.
-León: Si quieres que te diga la verdad, lo primero que he pensado es que era un monstruo o algo así que venía a comerme…
-Sami: ¡Que dices, hombre! Los monstruos no existen.
-León: Supongo, pero después de ver lo que he visto allí… Bueno, da igual, me quedaré un rato aquí fuera.
-Sami: De acuerdo, yo me daré un chapuzón y volveré enseguida. El agua del mar es fatal para el pelo.
Se quedó un rato sólo en su toalla, tomando el sol. Empezó a pensar en cómo se montaría el plan para poder decírselo. Así pasó el rato hasta que ella volvió del agua y le cortó el rollo.
-León: ¿Ya de vuelta?
-Sami: Sip, tengo sed. ¿Y tú que, quieres un refresco? He perdido, así que me toca invitar.
Sami se inclinó hacia León. Éste no pudo evitar fijarse en lo que colgaba ante él.
-León: Sssí… aunque en realidad tengo más hambre… Digo-¡Sí, vamos a comprar un refresco!
Se levantó de golpe para que no se notara hacia donde había dirigido la mirada y buscó algún chiringuito. A unos metros había uno, así que se fueron allí. Al cabo de un rato volvieron a donde habían puesto las cosas, cada uno con una bebida.
-Sami: Bueno, ¿y ahora que hacemos?
-León: Pues no se, he traído unas raquetas. ¿Jugamos?
-Sami: Bueno, pero te aviso que no pienso dejarme ganar.
-León: ¡Bien, ya veremos quien es el mejor de los dos!
-Sami: Vale, yo la raqueta azul.
-León: ¡¿Qué?! ¡Espera, ¿porqué yo la rosa?!
-Sami: No te quejes y juega. ¡Saco yo!
Sami golpeó la bola. León la devolvió como pudo, pero ella le dio otra vez. En esta ocasión, León miró a Sami y perdió la concentración. Por ello, la bola cayó al suelo.
-Sami: ¡Toma ya, punto para mi!
-León: T-tramposa…
Se pasaron un buen rato jugando con las raquetas, hasta que se cansaron y se tumbaron un rato en las toallas.
-León: Eres muy buena, Sami.
-Sami: Y tú un patata.
-León: ¡Eh, eh, que querías que hiciera! Estaba en desventaja.
-Sami: ¿Qué desventaja ni que…?
-León: Nada, cosas mías.
-Sami: Oooooh, eeeso… vaya, Leo, nunca me lo habría imaginado de ti…
León se giró hacia ella de golpe para intentar excusarse, pero lo primero que vio fue un objetivo que le apuntaba, y seguidamente oyó un “clic”.
-Sami: ¡Aaajajaja! ¡Lo he conseguido, te he hecho una foto con esa cara!
-León: ¿Pero que…? ¡Eh, borra esa foto!
-Sami: ¡Créetelo! ¡No pienso hacerlo!
-León: ¿Ah si? ¡Ahora verás!
Se lanzó sobre Sami para intentar quitarle la cámara y empezaron a forcejear, Sami intentaba resistirse como buenamente podía,, mientras León intentaba no tocar en ciertos sitios.
-Sami: ¡Eh, eh, con lo que me ha costado hacerla!
-León: ¡Que no, que luego la pones en Internet!
-Sami: ¡No no, te juro que no la pondré!
Al final, después de tanto movimiento, acabaron cayendo uno encima del otro. León se encontraba sobre Sami, y ella luchaba por respirar ante la presión que ejercía sobre ella. Entonces se cruzaron sus miradas y, inmediatamente, ambos apartaron la cara, sonrojados. León se levantó enseguida, totalmente callado.
-León: Eeejejee… lo siento, Sami…
-Sami: No, no pasa nada… ha sido un accidente…
Durante un rato, estuvieron tumbados sobre la arena, sin mediar palabra.
-León: “Mierda, Leo, la estás perdiendo… ¡Después de eso, si me declaro en el muelle puede que piense que lo de ahora ha sido queriendo! Pero si no lo hago hoy, ¿Cuándo? Otra oportunidad así sería muy difícil.”
Finalmente tomó una decisión.
-León: “Decidido, seguiré con el plan”
Cuando la gente empezaba a irse y el sol ya se ponía, León se levantó para decirle a Sami que era hora de irse.
-León: Hey, Sami, ya va siendo hora de… Oh.
Sami estaba dormida.
-León: Vaya, se ha quedado roque. Que mona cuando duerme…
Se la quedó mirando fijamente. Transmitía un aire de tranquilidad capaz de calmar a cualquiera.
-León: “¿Y si… y si la besara…?”
Dirigió su mirada hacia los labios de Sami. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, a la vez que empezaba a acercarse. Pero a medio camino, decidió parar. Enseguida se retiró.
-León: “Mira que llego a ser idiota… esa idea no debía habérseme pasado por la cabeza.” Sami, despierta, que va siendo hora de irnos.
-Sami: Waaah… Hala, me he dormido… ¿Qué hora es?
-León: Hora de irse. Venga, levanta, que quiero que vayamos al muelle un momento.
-Sami: ¿Al muelle porqué? ¿Quieres darle las gracias al tipo ése?
-León: No precisamente, pero bueno, también es una idea.
Rehicieron las mochilas y anduvieron hacia el puerto. Al llegar, León tuvo la alegría de ver que el tío de las gafas de sol no estaba allí.
-León: “¡Bien, todo marcha a la perfección!”
-Sami: ¿Qué es lo que querías enseñarme, Leo?
-León: Bueno, en realidad quería decirte una cosa.
León tragó saliva y respiró hondo.
-León: “Ánimo, machote.”
Las manos le temblaban y el pulso se le aceleraba por momentos, pero era ahora o nunca. Así que se armó de valor y abrió la boca.
-León: Sami, yo siempre… te he considerado una muy buena persona. Y bueno, también una muy buena amiga.
Se hizo un silencio sepulcral. Finalmente, fue roto por la voz de Sami.
-Sami: ¿Y que más, Leo?
-León: P-pues… La verdad es que hay algo más.
Sami sonrió. Su cara hizo que a León le volviera la fuerza de voluntad.
-León: “¡Ha llegado el momento!”
Abrió la boca para confesarle a Sami sus sentimientos.
-León: Sami, te qui…
De repente, un temblor los hizo callar a la vez que luchaban por mantenerse en pie.
-León: ¿P-pero que mierdas…?
-Sami: ¡Aargh! ¡Mira, Leo! ¡Mira el mar!
-León: ¿Qué le pasa al mar? ¡Oh dios!
El agua empezaba a elevarse, como si fuese una ola gigantesca. Parecía un tsunami, pero con aquel temblor no podía ser sólo eso. Algo más había y no sabían que era.
De repente, algo aterrizó de golpe delante de ellos, haciendo saltar el hormigón.
-León: ¡Ah! ¡¿Eh?! ¡¿Qué haces tú aquí?!
El tío de la funda se había plantado de sopetón ante ellos… y para colmo había aparecido del cielo.
-¿No decías que te avisara? Pues eso he hecho. Venga, ven a ayudarme.
-León: ¡Espera, espera, ¿ayudarte?! ¿A que?
Se quitó las gafas de sol y sacó el objeto de la funda. Se trataba, nada más y nada menos, que una gran espada. Clavó los casi dos metros de su arma en el suelo. Era negra azabache, con el mango rojo, y la parte del filo era plateada. Dos círculos blancos estaban dibujados en medio de la hoja, adornando el arma como si se tratara de una espada venida del mismísimo infierno.
Con una sola mano, la levantó y señaló hacia el agua con ella.
-A acabar con eso.
Instintivamente, Sami y León giraron la cabeza en dirección al mar. Lo que vieron no se podía describir, dos esferas de luz se veían literalmente dentro de la ola gigante.
-Sami: ¡¿La ola?! ¡¿Estás loco?!
-No, la ola no…
Puso la hoja de la espada enfrente de su cara en posición horizontal, y tocándola suavemente con la mano que le quedaba libre, los dos círculos de su arma empezaron a  brillar. Con una velocidad imposible para una persona normal, movió los por lo menos cuarenta kilos de la espada en un movimiento circular que lanzó una especie de hoz hacia el tsunami. Cuando el ataque impactó contra la ola, el agua se dispersó, o más bien se evaporó, dejando ver a la criatura que antes estaba sumergida. Era una especie de mezcla entre un pulpo gigante y un dragón azul oscuro, con púas y placas doradas, de forma alargada, que se acercaba ahora peligrosamente hacia la orilla.
-León: ¿Bromeas? ¡No se cómo has hecho eso, pero está claro que yo no puedo, así que ¿cómo quieres que te ayude?!
Señalándolo con la espada, le habló con expresión seria.
-Te he salvado la vida, ¿recuerdas? Me debes un favor, así que o me ayudas o tendré que matarte para saldar tu deuda.
León se quedó temblando delante de la hoja que se sostenía en el aire a escasos centímetros de su cara.
-León: “Mierda, este es bien capaz de matarme…”
Se llevó las manos a la cabeza y empezó a darle vueltas al asunto. Era totalmente imposible que pudiera hacer nada contra ésa bestia, pero por otro lado quizás si le decía lo que quería oír podría marcharse. Finalmente tomó una decisión.
-León: Está bien, te ayudaré… ¡Pero prométeme que cuando salde mi deuda me dejarás vivir tranquilamente!
El tío bajó la espada.
-Je. Dalo por hecho.
Se giró hacia el monstruo. Estaba a punto de llegar, así que debían darse prisa.
-¡De acuerdo, si te llamo tendrás que venir! ¡De momento dejadlo en mis manos!
Salió corriendo a toda velocidad hacia su enemigo. Cuando llegó al mar… Aún seguía corriendo sobre el agua..
-Sami: ¡Hala, ¿cómo lo hace?!
-León: ¡A mi no me preguntes, ya me ha dejado flipando con lo de la espada!
El choque entre los dos estaba a punto de ocurrir. Segundos antes de que pasara, él levantó la espada y, dando un sablazo hacia abajo, giró sobre si mismo, clavando el arma en el monstruo al tercer giro. La sangre empapó el filo, pero el monstruo pareció no hacer caso del ataque. Más bien parecía que se aguantaba, porque tenía a su objetivo justo encima. Levantó uno de sus “tentáculos” con garras y lo lanzó hacia él.
-Muy fácil lo ves tú…
La espada se iluminó, y un segundo después una explosión salida de la misma hoja hizo quejarse al monstruo. Éste se retiró varios metros para evitar un segundo ataque, mientras buscaba a su agresor, que debía haber caído al agua. Pero no aparecía por ningún lado. En el último momento, como guiado por un instinto, se apartó hacia un lado. Justo donde estaba antes, el guerrero apareció desde debajo del agua propulsándose hacia arriba y con la espada dirigida hacia la superficie, mientras giraba sobre si mismo. El ataque no le dio de pleno, pero uno de sus tentáculos fue seccionado por la mitad. La sangre a borbotones y el chillido de la bestia se mezclaron con el agua del mar mientras el tipo de la espada caía otra vez en picado.
-León: No me lo puedo creer… ¡Lo va a ganar!
-Sami: ¡Espera, Leo, mira ahora!
La criatura había abierto una especie de boca llena de dientes que se encontraba encerrada entre todos los tentáculos. Una luz empezó a salir de esta.
-Mierda, se pone feo.
Puso su espada delante para cubrirse. Un cañonazo salió de dentro del monstruo, y arrasó con lo que se encontraba a su paso. Varios barcos fueron chamuscados instantáneamente, mientras aquel tío, sólo con una espada, se defendía de ése ataque como si se tratase de un niño que lo estuviera empujando. Al final, el monstruo no pudo aguantar más el disparo y cerró la boca.
-Madre mía, estoy entrando en calor.
Pero un golpe de tentáculo lo pilló con la guardia baja. Mientras se elevaba hacia el cielo, la espada salió volando, clavándose cerca de donde se encontraban León y Sami.
-¡Joder, esto no me gusta!
El ser monstruoso golpeó en el aire al luchador, mandándolo contra el agua.
-Sami: ¡Oh, no, lo va a matar! ¡Leo, tenemos que llevarle la espada!
-León: ¡Estás loca, ¿cómo lo vamos a hacer?!
-Sami: Ahí hay una lancha, se la llevaremos con ella.
-León: ¡Olvídalo, moriremos los dos!
-Sami: ¡Leo, si no lo haces no volveré a hablarte en mi vida!
Esa frase se clavó en el corazón de León. Tardó bien poco en ir a por la espada.
-León: ¡Vale, Sami, tenemos que desclavarla, ayúdame!
-Sami: Voooy.
Intentaron sacarla de la piedra, pero no hubo manera.
-León: ¡Mierda, otra vez!
Volvieron a fallar en el intento.
-Sami: ¡Espera, hagámoslo a la vez!
-León: ¡De acuerdo! ¡Uno!
-Sami: ¡Dos…!
Ambos apretaron las manos contra la espada a la vez.
-¡TREEEEES!
Tiraron al unísono con todas sus fuerzas y, milagrosamente, consiguieron sacarla. El arma cayó al suelo haciendo un gran estruendo. Acto seguido, León la cogió.
-León: ¡Dios, como pesa! ¡Ayúdame a arrastrarla hacia la lancha!
-Sami: ¡Señor, si, señor!
-León: No te lo tomes a broma… que aun la vamos a palmar.
-Sami: Sólo intento animar el ambiente…
Con un gran esfuerzo, cargaron la espada en el barco. Sólo faltaba llevársela.
-Sami: Vale, yo conduzco, tú nos matarías
-León: Ngh… eso ha dolido… “Y lo peor es que tiene razón.”
Sami pisó el acelerador al máximo y se dirigió al escenario de la batalla. El luchador escalaba por encima del mismo monstruo para esquivar los ataques, y hacía que éste se golpeara a si mismo al intentar alcanzarlo a él. Se defendía bien sin su espada. Finalmente llegaron al punto.
-León: ¡Eeeeeh, tú, tenemos tu espadaaaa!
-¡¿Vosotros?! ¡Bien, voy por ella!
De un salto se colocó sobre la lancha y cogió el arma.
-Bien, manteneos detrás de mi, voy a cargármelo de un solo ataque.
Volvió a hacer algo parecido a lo que había hecho desde el muelle, pero esta vez la espada brillaba mucho más. Un viento se empezaba a levantar alrededor de él.
-León: Guau… Cómo mola.
Cuando acabó de cargar energía, puso la espada en posición. El monstruo se preparó para lanzar el cañonazo.
-Tranquilos… no os va a tocar un pelo.
Levantó su arma.
-Sami: Oye, una cosa… ¿Cómo te llamas?
El guerrero se quedó mirando el oscuro cielo antes de decir su nombre.
-Slayer: Yo soy Slayer…
Blandió un sablazo que lanzó una hoz mucho más grande que la anterior, a la vez que el monstruo lanzaba su cañonazo. Ambos ataques chocaron.
-Slayer: ¡Slayer, el cazador de titanes!
El corte de Slayer atravesó el cañón del titán que tenía enfrente, deshaciendo la energía de la que estaba compuesto, y partiendo, finalmente, al gigante por la mitad. El humo salía del corte como se hubieran carbonizado al grotesco monstruo.
-Slayer: Bueno, mi trabajo ha acabado.
-León: Oh… oh dios..¡Oh dios mío!
-Sami: ¡Eso ha sido una pasada! ¡¿Cómo lo has hecho?! ¡¿CÓMO?!
-Slyaer: Eeeh… vaya marrón, parece que voy a tener mucho trabajo…
Aquella noche, el mar se tiñó de carmesí y nació un nuevo Héroe.


Eso es lo que he puesto esta vez, compañeros.. UN TROCITO del prólogo. La mitad, más o menos. No querais saber lo que queda...

AHORA TOCA ESTRENAR EL NUEVO AÑO

Lo se. Llego un poco tarde. Pero es que era taaaan coñazo tener que poner una entrada para Navidad, para fin de año, para año nuevo y para Reyes que pensé "¿Por qué no lo masifico todo y lo publico de una tacada el dia 6, que es la última fecha señalada?". Así que aquí me teneis, felicitandoos las fiestas cuando ya han pasado, deseando feliz año nuevo cuando nadie se acuerda ni de los propósitos que se hizo el dia 1 y regodeandome con el dinero que me han traido para reyes... Bendita adolescencia, ¡se acabó la ropa por Reyes!
Volviendo al tema... se que no somos muchos los que miramos el blog, así que, al menos de momento, puedo hablar en un tono más cercano y decir...
¡Aprovechad los dias que quedan para hacer lo que os de la gana, dormios a las tantas y no os desperteis hasta que no os de la gana! ¡Felices fiestas!